El mito del dedo gordo

Es más o menos conocido que al diseñar para pantallas táctiles debemos cuidar las dimensiones de los elementos interactivos. Deben superar cierto tamaño para que puedan ser pulsados minimizando el número de errores.

Pekka Parhi, entre otros, investigó empíricamente mediante tests de usabilidad esta cuestión y determinó unos tamaños mínimos aconsejables que teóricamente toda persona que diseñe para interfaces táctiles debería conocer.

A partir de 5mm de tamaño, 1 de 30 taps (un 3%) fallara. A partir de 7mm es 1 de cada 100 (1%).Lo que no es tan conocido es porqué sucede esto.

La explicación habitual es que “tenemos los dedos gordos”. Según esta teoría, si alguien intenta pulsar repetidamente en un mismo objetivo visual, el punto de contacto entre el dedo y la pantalla será siempre distinto, con una distancia grande entre pulsaciones. Como si disparáramos a una pared con un arma automática sin estabilizar y viéramos los agujeros de bala muy dispersos pese a estar apuntando siempre en el mismo sitio.

Sin embargo, empíricamente se puede observar que esto no es cierto. Si se pulsa repetidamente en un mismo sitio las pulsaciones se concentran en un área mucho más pequeña de lo que la teoría del dedo gordo nos podría hacer pensar. Es decir, sí somos precisos, entendiendo precisión como el hecho de que pulsamos siempre en el mismo sitio. El problema, en todo caso, es que el sitio en el que realmente pulsamos y el que percibimos o creemos estar pulsando pueden ser distintos. Volviendo a la metáfora del arma, es como si realmente los agujeros no estuvieran dispersos entre sí, pero sí puede ser que nunca toquemos al blanco.

Esto es observable en cualquier test de usabilidad: vemos participantes que no tienen ningún problema en pulsar en zonas mucho más pequeñas de lo recomendado, mientras que otros son incapaces de hacerlo aunque pulsen repetidamente. Y no, unos no tienen los dedos más gordos que los demás. Simplemente su pulsación tiene un offset o desvío fijo: visualmente creen estar pulsando en un sitio, pero pulsan siempre algo más abajo o más arriba.

Un dedo siempre pulsa fuera de su objetivo, pero todas las pulsaciones son muy cercanas

Christian Holz y Patrick Baudisch han propuesto el “Generalized Perceived Input Point Model” que explica estas observaciones con diversas variables, entre ellas el ángulo de contacto y el modelo mental de cada usuario, es decir, cómo entiende cada persona el hecho de “tocar”.

Los autores del modelo comentan que el problema, pues, es un caso de hardware no adaptándose al modelo mental del usuario y no tanto de una limitación inherente de nuestros mecanismos físicos para tocar.

Los diseñadores

Cuando entró en la oficina sólo quedaban tres personas. Eran diseñadores de interacción. Los tres estaban ensimismados en sus puestos de trabajo.

Se acercó al primero, que estaba usando el ordenador, trazando cajas y líneas en blanco y negro, con mucha concentración y mimo. Observó cómo a veces se acercaba a la pantalla para asegurar que la alineación era correcta.

—¿Qué haces? —le preguntó.
—Preparo un entregable para un cliente—respondió.

Se dirigió entonces al segundo, que movía en su ordenador cajas de un sitio para otro con mucho menos esmero que el primero.

—¿Qué haces? —preguntó.
—Diseño una interfaz—dijo rápidamente.

El tercero tenía el ordenador apagado; estaba ante una libreta, dibujando descuidadamente también cajas y líneas, tachando continuamente y volviendo a empezar.

—¿Qué haces? —preguntó por tercera vez.
—Hago más eficiente pagar en un parquímetro—contestó.

Al salir de la oficina se encontró a un cuarto compañero en la calle. Estaba apoyado en la pared, con las manos en los bolsillos, mirando fijamente cómo alguien usaba un parquímetro.

—¿Qué haces?
—Intento mejorar la vida de la gente de la ciudad.