Lecturas de agua

Hace unos años, en el marco de un proyecto en @Usolab, visité varias empresas de gestión y distribución de aguas con el objetivo de conocer cómo funcionaban por dentro. Iba a hablar de investigación contextual, pero antes que alguien me diga que uso «palabras inventadas» (sic) dejémoslo en que observábamos cómo trabajaba el personal y hacíamos algunas preguntas en el proceso.

En una de las compañías visitadas se revisaban los contadores de agua siguiendo el método tradicional: alguien recorría las calles haciendo anotaciones y al mediodía regresaba a la central con las lecturas. A partir de ese momento una persona se encargaba de pasarlas al ordenador con la ayuda de un compañero que las iba leyendo.

Me fascinó lo rápido que introducían las lecturas, pero me extrañó ver que siempre parecían escribir un dígito más de la cuenta. Pregunté sobre el tema y me explicaron que efectivamente para cada lectura tecleaban un número adicional que aparecía en la pantalla.

Es habitual que mientras se introducen lecturas se desplace accidentalmente la mano del teclado de forma que, por ejemplo, se teclee “4 5” en lugar de “5 6”. Para evitar que se pudieran teclear varias lecturas seguidas incorrectamente, el sistema obligaba a introducir un número extra conocido y alertaba en el caso que no coincidiera. Vamos, que se trataba de una especie de control de redundancia para verificar la integridad de datos y un precioso ejemplo de (¡alerta, palabra inventada!) poka-yoke.

Publicado por

Dani Armengol

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