El puerto no está conectado

Apreciado Responsable de Mensajes de Error,

He visto un mensaje tuyo y de aquí que te escriba esta misiva.

Quiero que sepas que la gente, la normal, no tú ni yo, cuando lee la palabra “puerto” piensa en un “lugar en la costa o en las orillas de un río que por sus características sirve para que las embarcaciones realicen operaciones de carga y descarga, embarque y desembarco, etc.”

Esto explicaría que mi padre no te entienda si le dices que “el puerto no está conectado” cuando intenta imprimir la declaración de la Renta.

Que hayas decidido usar la palabra “puerto” me hace pensar que quizás tengas un perfil técnico. Tranquilo, yo también, te entiendo: te veo intentando cumplir un deadline absurdo y con la responsabilidad delegada implícitamente de escribir los mensajes de error que tus compañeros “de UX” no se han molestado ni en pensar. Sí, esos mismos que pasan más tiempo preocupándose sobre qué buzzword poner en sus biografías de Twitter que en hacer su trabajo; yo también conozco algunos.

Pero vamos a intentar mejorar este mensaje de error en concreto. Y no, no me digas nada más empezar que el mensaje sólo puede indicar el síntoma y no la causa del problema.

¿No es justamente “el puerto no está conectado” una causa probable del síntoma “no llega señal al puerto”? No creo que puedas saber, técnicamente, si el problema es que el dispositivo no responde o es que está físicamente desconectado; pero bien que asumes esto segundo. Y no, no lo critico, entiendo que intentas hacer un mensaje explicativo y útil. Conozco personas que habrían escrito “Error 0x0554” y se habrían ido a casa orgullosas de un trabajo bien hecho.

Hagamos algo. Cambia simplemente la palabra “puerto” por “cable”. Sí, ok, hay puertos software y máquinas virtuales. ¿Crees que es el caso de muchos de tus usuarios? Y sí, existen conexiones inalámbricas, pero podemos mostrar otro mensaje para estos casos ¿no?

Ya te estoy robando demasiado tiempo, lo sé. Admito que no es trivial. No es simplemente escupir cuatro palabras en el fichero de localización de strings de la aplicación.

Pero mira, hagamos una cosa, ni tu ni yo, mantén el mensaje original, tal cual, pon de hecho lo que te dé la gana, haz de esa ventana modal tu lienzo de expresión personal, pero añadamos una línea debajo: “Comprueba que la impresora no esté apagada o el cable desconectado”.

Gracias.

Ese monstruo de tres cabezas

Oficina nueva. Paredes aún sin pintar. Sala de reuniones improvisada y cuatro personas ilusionadas sentadas alrededor de una mesa de camping. Sí señores, una start-up. A la primera de cambio se menciona “El Usuario” en la reunión. ¿Pulsará aquí o allá? ¿Irá por este camino o aquél otro? Cada uno dice la suya. Uno recuerda ciertas leyendas antiguas sobre este extraño ser. Otro saca a relucir los datos que le facilitó un amigo que lo vio un día entre la niebla. El tercero pone encima la mesa sus prejuicios y experiencias personales. Y el cuarto se inventa algo para no quedar en silencio. La reunión se alarga, discutiendo amargamente sin llegar a ninguna conclusión, y finalmente el tiempo se agota y la decisión final se acaba delegando al viento, sentenciándola con esa lapidaria expresión… “le damos una pensada”.

Continúa en Emprenderalia.

Lecturas de agua

Hace unos años, en el marco de un proyecto en @Usolab, visité varias empresas de gestión y distribución de aguas con el objetivo de conocer cómo funcionaban por dentro. Iba a hablar de investigación contextual, pero antes que alguien me diga que uso «palabras inventadas» (sic) dejémoslo en que observábamos cómo trabajaba el personal y hacíamos algunas preguntas en el proceso.

En una de las compañías visitadas se revisaban los contadores de agua siguiendo el método tradicional: alguien recorría las calles haciendo anotaciones y al mediodía regresaba a la central con las lecturas. A partir de ese momento una persona se encargaba de pasarlas al ordenador con la ayuda de un compañero que las iba leyendo.

Me fascinó lo rápido que introducían las lecturas, pero me extrañó ver que siempre parecían escribir un dígito más de la cuenta. Pregunté sobre el tema y me explicaron que efectivamente para cada lectura tecleaban un número adicional que aparecía en la pantalla.

Es habitual que mientras se introducen lecturas se desplace accidentalmente la mano del teclado de forma que, por ejemplo, se teclee “4 5” en lugar de “5 6”. Para evitar que se pudieran teclear varias lecturas seguidas incorrectamente, el sistema obligaba a introducir un número extra conocido y alertaba en el caso que no coincidiera. Vamos, que se trataba de una especie de control de redundancia para verificar la integridad de datos y un precioso ejemplo de (¡alerta, palabra inventada!) poka-yoke.