Niña o niño

Me parece muy útil distinguir los términos “categorizar” y “clasificar” y evitar entenderlos como sinónimos.

Categorizar es describir una serie de categorías con la intención de organizar una colección de elementos; mientras que clasificar es asignar a cada elemento una, o varias, de estas categorías. Vamos, que primero expongo que existen piedras y árboles, categorizo, y ya luego determino si lo que tengo delante es una piedra o un árbol, clasifico.

Diferenciar estas expresiones nos puede proporcionar riqueza léxica a la hora de hablar de sistemas de organización.

Al tema: se tiende a considerar erróneamente que existen dos categorías para el género, “mujeres” y “hombres”, ignorando todo un espectro de identidades. Esto es un problema de categorización: los cajones con los que se pretende organizar a la gente no admiten identidades bigénero, agénero o no binarias en general, personas que no se perciben a sí mismas como femeninas o masculinas.

Por otro lado, también se suele crear una equivalencia incorrecta entre sexo y género, llegando al extremo habitual de asignar categorías de género en función de los genitales. En este caso no es una cuestión de categorización, sino de clasificación: se invisibiliza con ello a las personas intersexuales (personas con características que no encajan en las definiciones típicas binarias de sexo) y se clasifica incorrectamente al nacer a las personas trans.

Y así, cuando me entregan el informe de ecografía y veo que han escrito “niña” o “niño”, se evidencia que ahí confluyen ambos problemas: ni la categorización ni la clasificación son correctas. Se asigna una categoría que ni siquiera debería existir en ese momento. Es, a mi modo de ver, un sistema de organización absolutamente roto. Y uno que impacta enormemente en la vida de las personas.

Informarnos puede ser el primer paso necesario para contribuir a reparar este sistema. Si tenéis dudas sobre estos temas y os interesa saber más, os recomiendo esta guía editada por el Instituto Canario de Igualdad: “Sexualidad. Cuerpos, identidades y orientaciones”.

Un card sorting sin participantes

En 2016 Lorena Paz me propuso participar en el segundo volumen de “Pioneros y hacedores”, un libro recopilatorio con traducciones al castellano y artículos inéditos de casos de diseño de interacción, accesibilidad y usabilidad, orientado a ser utilizado como material didáctico.

Mi aportación fue un caso inédito de card sorting que redacté pensando en un lector que ha oído hablar de la técnica, pero busca una introducción guiada. También creo que el enfoque del caso es suficientemente original como para que pueda ser de interés a quien está más familiarizado.

Os dejo aquí el resumen del caso:

En este texto se presenta un caso de análisis de agrupamientos en el que no se realizó una ordenación explícita de tarjetas con la participación de personas como en un card sorting tradicional. Se partió de datos extraídos de un análisis de competencia y se obtuvo una representación gráfica tipo dendrograma de las agrupaciones

Pioneros y Hacedores II

El libro se puede comprar en físico en Editorial UFLO y la versión digital es de libre acceso, pero actualmente es algo difícil de encontrar, así que os facilito el trabajo.

Pioneros y Hacedores II” en formato EPUB sin DRM

También aprovecho para recomendaros el primer volumen, donde hay muchos autores que de sobras conoceréis e hicieron interesantes aportaciones

Pioneros y Hacedores” en formato EPUB sin DRM (descarga directa)

Olga Carreras hizo en su momento dos completas reseñas/resumen de cada uno de los libros, que también pueden ser de vuestro interés:

La arquitectura de la información

Hace apenas 50 años si dabas un paseo por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos podías encontrar en la categoría “Sexual deviations” tratados sobre pederastia, incesto, violaciones y… homosexualidad.

Pero en los 70, gracias a los esfuerzos de la Task Force on Gay Liberation, un subgrupo de la American Library Association, los ensayos de temática gay cambiaron de estantería. Pasaron de “Sexual deviations” a “Sexual life” (a decir verdad, la mudanza material, de estantería, vino mucho después, pero permitidme la licencia simbólica).

"Library of Congress authority card: Homosexuality". Se observa "Sexual perversion" tachado entre otros cambios de categoría.
Tomado del artículo “Let’s Not Homosexualize the Library Stacks”, por Melissa A. Adler, del Journal of History of Sexuality.

A partir de ese momento si te interesaba algo sobre el movimiento de liberación gay ya no tenías que buscar entre textos de crímenes sexuales.

Así, más allá de la información que contenían los libros individualmente (gracias a la particular disposición, y no otra, de las frases, palabras y letras que los componían), su propio contexto también proporcionaba nueva información, una que no residía en las obras, sino en la relación entre ellas.

Esta información estructural en algunos casos puede ser enorme y cambiar totalmente el sentido de lo que percibimos. Es lo que sucede por ejemplo con el efecto Kuleshov en montaje audiovisual, que describe cómo hay más significado en la relación entre tomas que en una sola toma aislada:

Poniendo en orden, lo que Le Corbusier llamaría “crear arquitecturas”, contamos historias. Dos objetos sin relación pasan a tenerla si los colocamos juntos. Dos eventos paralelos pasan a ser percibidos como causa-efecto si los presentamos en secuencia.

Las arquitecturas no solo son descripciones del mundo. No son neutrales; son normativas: sus historias nos influyen y nos susurran cómo debe ser el mundo.

Modelos

No sé exactamente a qué edad nos enseñaron eso del ciclo del agua. Sí recuerdo que inicialmente nos contaron que las masas de agua se evaporan, se condensan, se precipitan, se acumulan… y vuelta a empezar.

Pero al cabo de unos años nos dijeron que eso no era del todo cierto. Se añadió como mínimo el proceso de filtración y circulación subterránea, que hasta entonces nos habían ocultado. Y en algún momento nos hablaron de la sublimación que se produce en las masas de hielo o incluso algo llamado interceptación vegetal que admito que he ido a Wikipedia a refrescar la memoria de qué era.

Pero no nos desviemos. ¿Por qué nos mintieron?

La explicación de cualquier fenómeno natural es compleja, por ello la simplificamos creando modelos. La primera descripción del ciclo del agua era un modelo más simple que el que aprendimos más tarde, más adecuado para nuestra temprana edad, pero igualmente correcto; o al menos correcto en el sentido que explica gran parte de lo que sucede realmente con el agua. Nadie nos mintió.

Un modelo es una abstracción práctica, útil, que nos sirve. ¿Para qué? Pues normalmente para ayudarnos a entender algo o al menos permitirnos hablar sobre ello.

En nuestro sector usamos modelos continuamente. Algunos más queridos, otros más odiados. Pero hay un tipo de modelo que despierta pasiones extremas: las personas.

(Y permitidme que las llame “personajes” en los cinco párrafos que quedan para terminar el artículo, más que nada para evitar la confusión que produce mezclar latín con castellano).

Tanto los stans como los haters de los personajes creo que saben qué pinta tienen. Si preguntas a cualquiera con el título “UX” en LinkedIn te dirá seguramente que “es como” una hoja con una foto, un nombre inventado, una descripción y atributos varios de comportamiento. Lo que no tengo tan claro es si todo el mundo recuerda, o alguna vez ha sabido, que los personajes son modelos.

Lo digo ya que, por el hecho de ser modelos, deberíamos inmediatamente ser capaces de comprender dos cosas.

Primero, que no son reales ni pretenden serlo; pero sí deben ser representaciones simplificadas. Si nos encontramos con algo que parece un personaje, pero que no representa la realidad, sencillamente se la inventa, deberíamos ponerlo en duda como modelo. Hay quien los llamaría “proto-personas”. Yo prefiero llamarlos caricaturas.

Y segundo, si algo que parece un personaje sí representa la realidad, pero no nos resulta práctico, no nos ayuda a tomar decisiones de diseño o no nos facilita la comunicación, estamos ante un mal modelo. Un modelo inútil.

Los personajes siempre han tenido un fin concreto: ayudarnos a evitar pensar en ese “usuario” flexible e indefinido. No pretendáis otorgarles más, ni menos, responsabilidad que esta. Los buenos personajes nos permiten comunicar resultados de investigación de diseño, condensar quizás 12 entrevistas en 3 arquetipos. Nada, nunca, podrá sustituir estar presente en esas 12 entrevistas, pero modelizar sus resultados respetando parte de la diversidad de lo que hemos observado siempre será mejor que limitarnos a listar conclusiones homogéneas.