Lecturas de agua

Hace unos años, en el marco de un proyecto en @Usolab, visité varias empresas de gestión y distribución de aguas con el objetivo de conocer cómo funcionaban por dentro. Iba a hablar de investigación contextual, pero antes que alguien me diga que uso «palabras inventadas» (sic) dejémoslo en que observábamos cómo trabajaba el personal y hacíamos algunas preguntas en el proceso.

En una de las compañías visitadas se revisaban los contadores de agua siguiendo el método tradicional: alguien recorría las calles haciendo anotaciones y al mediodía regresaba a la central con las lecturas. A partir de ese momento una persona se encargaba de pasarlas al ordenador con la ayuda de un compañero que las iba leyendo.

Me fascinó lo rápido que introducían las lecturas, pero me extrañó ver que siempre parecían escribir un dígito más de la cuenta. Pregunté sobre el tema y me explicaron que efectivamente para cada lectura tecleaban un número adicional que aparecía en la pantalla.

Es habitual que mientras se introducen lecturas se desplace accidentalmente la mano del teclado de forma que, por ejemplo, se teclee “4 5” en lugar de “5 6”. Para evitar que se pudieran teclear varias lecturas seguidas incorrectamente, el sistema obligaba a introducir un número extra conocido y alertaba en el caso que no coincidiera. Vamos, que se trataba de una especie de control de redundancia para verificar la integridad de datos y un precioso ejemplo de (¡alerta, palabra inventada!) poka-yoke.

Contenido adaptativo

El otro día tuve la suerte de escuchar en directo a Josh Clark (@globalmoxie) y Karen McGrane (@karenmcgrane) en un evento organizado por IxDA Barcelona. Asistir a este tipo de charlas en un pub, con notoria abundancia de cerveza, siempre te hace un poco menos receptivo al segundo ponente, Karen en este caso, pero aún recuerdo con claridad el título de su presentación: «Adapting Ourselves to Adaptive Content».

Karen habló de un tema que ya casi suena a rancio: contenidos y presentación deben diseñarse por separado. Hizo especial hincapié en saber trocear la información, habilidad a medio camino entre la arquitectura y el diseño de bases de datos, y en su importancia para poder enfrentarse a distintas interfaces, actuales y futuras.

Tiene sentido hablar de nuevo de este asunto no simplemente porque aún no lo hayamos entendido, sino por el boom multi-dispositivo que estamos experimentando en los últimos años. Móviles y tabletas están dejando en evidencia a más de uno, especialmente en el mundo editorial, y si sigue la penetración de las Smart TV vamos a ver suicidios colectivos.

Karen expuso un ejemplo interesante: el de una revista americana de televisión que hace más de 20 años tuvo la visión, o estupidez, de empezar a escribir tres descripciones de distintas longitudes para cada programa en emisión. Estas descripciones, inútiles en su momento, han acabado siendo utilizadas en distintos dispositivos modernos, desde móviles a Smart TVs, pudiendo así adaptar el contenido a cada interfaz particular.